
El sector de la educación en Hungría es una olla a presión repleta de descontento. Cientos de estudiantes han marchado por Budapest hasta llegar a la sede de la televisión pública Magyar Televizió en solidaridad con sus profesores, que llevan meses de "desobediencia civil" para exigir mejores condiciones de trabajo y una reforma del sistema educativo.
El sector de la educación en Hungría es una olla a presión repleta de descontento. Cientos de estudiantes han marchado por Budapest hasta llegar a la sede de la televisión pública Magyar Televizió en solidaridad con sus profesores, que llevan meses de “desobediencia civil” para exigir mejores condiciones de trabajo y una reforma del sistema educativo.
“He hablado con muchos de mis profesores sobre este tema y todos me han contado las dificultades por las que están atravesando. Quiero ayudarles. Y nosotros también nos merecemos una educación mejor, un futuro mejor”, comenta una estudiante.

Los manifestantes expresaron “consternación” por el hecho de que mientras en el sistema educativo húngaro hacen falta miles de docentes, muchos profesores están siendo despedidos solo por atreverse a protestar. Más de una docena han perdido así sus empleos. “Creo que se están equivocando de generación”, opina otra estudiante.
Denuncian que los medios públicos y gran parte de la prensa húngara, que funcionan bajo control estatal, silencian las reivindicaciones del sector educativo.

Desde el ejecutivo de Orbán minimizan la crisis y dan a entender que lo único que quieren los profesores es un aumento de sueldo.